3/1/17

Relatos Md40... La memoria del corazón.

relatos la memoria del corazon palacio de cristal


"Relatos Md40... La memoria del corazón"es una entrada muy especial porque el escenario que recrea me es muy querido. Nada más y nada menos que el Palacio de Cristal, un lugar que para mí tiene un significado muy especial, ¿queréis saber por qué? Ahora mismo os lo cuento, pero antes os diré que dadas las fechas que son con esos tres magos a punto de repartir regalos e ilusión por doquier, aprovecharé para presentaros este maravilloso lugar con un relato ambientado en la tarde de Reyes Magos.


El Parque del Buen Retiro de Madrid y su Palacio de Cristal.
"Tenía nueve años pero lo recuerdo como si fuese ayer. Mis padres estaban acuchillando el suelo de parqué de nuestra casa en Madrid. Habíamos sacado nuestros colchones al salón porque estaban rematando nuestro cuarto, cuando llamaron por teléfono. Lo cogió mi padre y habló poco tiempo, apenas unos minutos. Colgó y me miró con intensidad, sus ojos brillaban con una luz especial pero más lo hacía la sonrisa que ilumina su rostro. Se acercó a mí y me dijo que había ganado el segundo premio de un concurso de dibujo escolar, que no era ni más ni menos que un viaje a Grecia de una semana con todos los gastos pagados. La risa floja que me dio, los gritos de alegría y los saltos que dimos de colchón en colchón se han grabado como una imagen fija en mi retina de esa sensación, de esa euforia..."

Y el dibujo era del... Palacio de Cristal del Retiro, visita obligada cada vez que tengo la oportunidad de viajar a Madrid. Aquí os dejo algunas de las fotografías que hice de este maravilloso enclave en estas vacaciones de Navidad, y un relato inspirado en el mismo con el que quiero celebrar con vosotros esta noche mágica de los "Reyes Magos" que en unos días disfrutaremos.


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Para los que no lo conocéis deciros que el Palacio de Cristal es uno de los monumentos que conforman el Parque del Buen Retiro de Madrid, una joya plagada de grandes tesoros como el Monumento a Alfonso XII, el Estanque Grande o la Puerta de Felipe IV. Su construcción nos lleva hasta el siglo XVII, siendo concebido para el disfrute de Felipe IV. Tendríamos que esperar a Carlos III, al que muchos consideran como "el mejor alcalde" que ha tenido Madrid, para que se convirtiera en un parque urbano. Exactamente fue en 1767 cuando se permitió la entrada del público a este parque con una extensión de más de un millón de metros cuadrados, más de 19.000 árboles y alguna que otra rareza como los restos de una ermita románica.

Su ubicación, unas fincas que poseía el Conde-Duque de Olivares, valido del rey, que utilizaba de aviario. De ahí le vino el sobrenombre que el pueblo daba en sus inicios al parque, de el "gallinero"

Curiosidades muchas, como que sus terrenos dieran cobijo a una fabrica de porcelanas que quedó destruida en la Guerra de la Independencia, que las tropas de Napoleón lo utilizaran de cuartel general, que sufriera la devastación de un fuerte ciclón que en mayo de 1886 asoló Madrid o que cuente con diecisiete entradas. De todas formas, hay que aclarar que el Buen Retiro se dispuso alrededor de un Palacio Real, del que tan solo se conserva el Salón de Reinos y el Casón, que hoy en día quedan fuera del parque, porque este sufrió la segregación de terrenos que fueron destinados a otros usos como el mismo Jardín Botánico, por poneros un ejemplo.

Y ahora sí a por el relato...


Relatos Md40... La memoria del corazón.

El frío aguijonea mis viejos huesos, más lo ignoro acelerando el paso. No me molesto ni en ajustarme la bufanda, no tengo tiempo para eso. Uno, dos, tres... diez, veinte metros más y mi esfuerzo se verá recompensado, alcanzando por fin la Plaza de la Independencia. Jadeando por el esfuerzo lo consigo y sonrío al reconocer a lo lejos a esa vieja amiga que indiferente me recibe mostrándome un rostro tan familiar como desconocido le resulta a ella el mio. 

Rodeo la plaza sorteando terrazas, kioscos y peatones hasta llegar casi sin aliento al paso de cebra. Allí me camuflo entre los impacientes turistas que se congregan deseosos de cruzar la carretera para hacerse una fotografía con ella. Casi arrastrada por esa peculiar marea humana llego al paso intermedio dónde por fin nos encontramos frente a frente. Regia, noble, cañada real, ostentosa y vetusta... La Puerta de Alcalá me recibe con su silueta neoclásica, para devolverme a mi pasado. Embrujada por su artificio me detengo junto a la concurrida cola de curiosos que esperan su turno para retratarse con ese fondo inigualable, una de las cinco puertas reales de Madrid que recibía a los viajeros que llegaban desde Aragón y Cataluña.

—  ¿Puede hacernos una fotografía a los dos juntos? —  Escucho a mi derecha. Me giro y veo a una pareja joven. El chico me ofrece su cámara sonriente mientras pasa su brazo por los hombros de la feliz enamorada. 

—  Sí... claro. Yo no... —  Le respondo sin saber como salir de esta fortuita encerrona, porque la verdad es que no me siento cómoda rodeada de ese despliegue tecnológico que utilizan hoy en día los jóvenes. Yo ni siquiera soy nativa de la era analógica y a duras penas si me manejo para utilizar el teléfono móvil, de hecho mi techo tecnológico se reduce a un buen libro impreso en papel. De todas formas asiento y me dejo asesorar por el joven que con paciencia me explica como hacer la fotografía. Encuadro como puedo y por fin escucho el clic metálico que me confirma que he conseguido la instantánea, que en este caso es la de una pareja feliz, que ajena a todo se besa delante de uno de los símbolos más queridos de mi ciudad. El primer arco de triunfo construido en Europa y que inspiró otros tan famosos como el de París o Berlín. ¡Cómo me recuerdan a nosotros! ¡A mi Cayetano! ¡A mi amor!

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Me despido de ellos y finalmente cruzo para encarar la puerta de entrada al Parque del Buen Retiro. Esta entrada recibe su nombre de la misma plaza, la de la Independencia, y ocupa un lugar privilegiado no únicamente en el acerbo popular de Madrid sino en mis propios recuerdos. Delante de ella me encontraba con Cayetano, cada uno de los domingos de aquellos meses en los que mi corazón se detenía junto a ese enrejado, en el primero de los conjuntos de columnas que coronan unos amorcillos que cual cupidos juguetones nos dispararon sus certeras flechas.

Camino y camino, pero lejos de avanzar cada vez retrocedo más y más hasta regresar a esos años, a esa luz... Es curioso pero a mi edad, cedo al olvido con facilidad citas, nombres, personas o fechas. Sin embargo, mantengo intactos esos momentos que no se escriben con fría gramática sino con las matemáticas de la vida. Una aritmética con lógica propia que celosa conserva la memoria de mi corazón. Le escucho, le siento junto a mí sonriendo...

—  "Gabi, no te pongas seria. Quizás tengas razón y seamos demasiado jóvenes para casarnos, pero a que viene ese gesto mohíno tenemos toda la vida por delante, todo el tiempo del mundo" — . Esa fue su forma de consolarme, cuando le confesé la desagradable discusión que había tenido con mi padre cuando le conté los planes que Tano y yo teníamos. 

—  "¿Todo el tiempo del mundo? ¿Cómo puedes decir eso? Nadie puede afirmar nada así" — . Le respondí arisca mientras mis ojos se perdían en el estanque, atrapados en los los cipreses de los pantanos que con sus majestuosos troncos enterrados en el agua me parecían tener más cordura que nosotros dos juntos.

—  "Mira que eres descreída. A ver gruñona, ¿qué día es hoy?" Me preguntó abrazándome. 

—  "De sobra lo sabes guasón, 5 de enero. Y ahora que lo dices se está haciendo tarde y debo regresar a casa. No quiero tener más problemas con mi padre" — Añadí zafandome de su abrazo para iniciar el camino de vuelta. Tano me siguió y bordeamos el estanque en silencio cogidos de la mano. Pasamos por la gruta de rocalla bajo la cascada, y a los pocos metros pude contemplar de nuevo la silueta del Palacio de Cristal. Esa joya con su imponente cúpula de más de 20 metros que en realidad se erigió como una gran estufa para dar cobijo a frágiles especies vegetales que pertenecían a una exposición temática sobre Filipinas en 1887. Sí esa misma mágica silueta que hoy reproduzco con estos ojos ajados por una vida que con cada año suma más carga a mi viejo corazón. 

No quiero seguir recordando, pero supongo que al igual que mi cuerpo se declaró en rebeldía hace ya muchos años, este músculo tonto no quiere desprenderse de la imagen de Cayetano deteniéndose para tomarme entre sus brazos.


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—  "No quiero que te afligas, tu sonrisa consigue enderezar el día más nublado y te aseguro que no hay nada que no podamos superar juntos"

— "Eres un soñador"—. Le respondí besándolo. 

— "Puede ser, pero debes creerme. Y si no mira a tu alrededor, como hoy... Una noche mágica en la que nos visitan tres viejos magos. Melchor se llama el mayor que procede de Europa, anciano de blancos cabellos y larga barba que trae la luz, aunque también fue conocido como Appellicon o Magalath. Gaspar, es el más rubio de los tres reyes, mensajero del mundo y guardián de un gran tesoro, también podrías llamarlo Amerín o Galgalath. Y cerrando el trío está Baltasar, o si lo prefieres Damascón, Serakin o Bel‐Sar‐Utsor, el más joven que procede de África. Todos ellos vivieron más de cien años llevando ilusión a los corazones de los niños cada 6 de enero. Ten por seguro que yo no resultaré ser tan longevo, pero prometo hacer lo mismo que ellos y regalarle al tuyo una gran sonrisa cada año. Hoy, mañana, el mes, el año que viene o décadas si fuese necesario. Podrían pasar hasta cincuenta años que aquí te estaría esperando. Te entrego mis días, mi vida y mi amor"—. Con esa promesa Cayetano selló nuestro amor, pero tan tierno, tan inocente y tan frágil era que no resistió a grandes carroñeros como son el tiempo, la separación, la rutina y finalmente el olvido. 

Luchando por contener la emoción que enjuga mis viejos huesos me siento en nuestro banco. Hoy 5 de enero se cumplen cincuenta años de aquella promesa y aunque sé que él no aparecerá, un pueril impulso me ha traído hasta este lugar. No sé por que lo he hecho, de hecho no puedo decir que haya sido infeliz. Tengo una familia a la que adoro, unos nietos que llenan mis días de luz y dos hijos que me dan fuerza. A mi pobre Paco lo enterré hace ya muchos años, pero he de reconocerle que me quiso como yo jamás pude corresponderle porque he vivido toda mi existencia, una vida que no era la mía, lejos de él, de Cayetano. 

La fortaleza blande su lanza, la justicia porta su balanza, la templanza un estribo y la prudencia un espejo que me devuelve el rostro de mi cobardía. Sí, fui timorata, egoísta y lo perdí. Claudico y rindiéndome a la nostalgia que me envuelve dejo fluir las lágrimas que llevo reteniendo toda una vida. Mi visión se nubla y trato de buscar un pañuelo en el bolso cuando escucho una voz grave y amable que me pregunta si me encuentro bien. Levanto la mirada avergonzada y acepto el pañuelo de algodón que ese desconocido me ofrece. Contemplo sus ojos de miel y sonrío al comprobar que la vida puede ser mágica.

"Relatos Md40... La memoria del corazón" acaba aquí, con este breve relato tan solo quiero enviaros toda la magia que merecéis en este día tan especial como la Noche de  los Reyes Magos. ¡Un abrazo! 

Mujer después de los 40

2 comentarios:

  1. ¡¡Guauu Cristina!! Me ha encantado, es hermoso, y además, te confieso, para mí el Palacio de Cristal también es un lugar especial. En mi caso, tenía mucha ilusión con visitarlo. Ese libro que estoy pensando sacar del cajón tiene relación con ese Palacio de Cristal, que cuando al fin pude visitar acompañada de mi hija me llenó de una felicidad inmensa.
    En cuánto al final de tu relato... mágico.
    Un beso muy fuerte preciosa y espero que los Reyes os hayan traído muchos regalos a ti y a tu familia. Muuuaakkk :D

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    Respuestas
    1. Me alegra que te haya gustado amiga y deseando leer esa novela tuya abandonada me tienes. Un abrazo :-)

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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